Costó, se sufrió, no lo pasamos nada bien durante gran parte del encuentro... pero el esfuerzo tuvo su merecida recompensa, y España ya está en octavos de final. La victoria por 3-1 ante Túnez hace que el choque contra Arabia Saudí sea un mero trámite, y Luis podrá hacer todos los cambios que desee para que la plantilla esté descansada de cara al cruce de octavos.
España empezó controlando, dominando y creando alguna ocasión de gol por parte de Villa y Torres, pero fue el equipo tunecino quien se adelantó, por medio de Minari, que remató un rechace de Casillas a un disparo del mismo jugador.
La defensa de nuestra selección estuvo perdida, nerviosa y muy mal durante todo el encuentro. Pujol vio la amarilla por una dura entrada a un rival, y falló mucho más de lo que es habitual en él. Esperemos que sólo sea un lunar, porque ante equipos como Francia y delanteros como Henry, esto puede ser decisivo.
Lo mejor de España fue la fe que mostró en su juego, y que no perdió la tranquilidad a pesar de ir por detrás en el marcador. Tras el descanso entraron Raúl y Cesc, se oxigenó al equipo, y más tarde fue Joaquín la opción de Luis para abrir el juego por bandas.
El gol del empate tenía que llegar... y llegó. Fue Raúl, desaparecido antes y después de ese momento, quien surgió para rematar a gol con pierna derecha y devolver la ilusión a la grada. España estaba lanzada y Torres aprovechó una genialidad de Cesc para marcar el 2-1 escasos minutos después. El 3-1 lo consiguió el propio Torres al materializar un penalty cometido sobre él mismo. Tuvo fortuna el jugador del Atlético, porque lo lanzó muy mal, pero el guardameta tunecino falló a la hora de detener un balón que se le coló muy centrado y por debajo del cuerpo.
España gustó a la afición. Esta vez fue la furia nacional la que ayudó a la victoria, y a que los "olés" reinasen en Alemania por unos minutos. Ahora el grito que más se escucha por la calle es el de "sí, sí, sí. Nos vamos a Berlín" ¿Se imaginan?