Sufrió de lo lindo Argentina para derrotar a México. La selección azteca se presentó muy bien plantada en el terreno de juego, y mereció algo más por su juego y personalidad especialmente durante la primera mitad. Argentina fue una sombra de sí misma, sin estrella y sin estrellas, carente de ideas y con mucho miedo en todas sus acciones.
Rafa Márquez adelantó a los mexicanos cuando apenas se habían jugado cuatro minutos de partido, tras una falta botada por banda derecha, que el defensa remató en el segundo palo. Era un comienzo sorprendente y que no se ajustaba al guión que previamente se había escrito para el match. Pero ahí surgió la poderosa Argentina, que en apenas seis minutos igualaba la contienda. Fue tras un saque de esquina de Riquelme, que metió Borgetti en propia puerta al alimón con Crespo que intentaba rematar.
El partido prometía mucho, pero fue decayendo en ritmo e intensidad. México seguía jugando mejor, pero no materializaba su dominio en gol. Poco a poco avanzaba el encuentro, y Argentina comenzaba a imponer su ritmo. Pero ni la salida de Tévez, ni la de Aimar cambiaban el rumbo de las cosas. Messi, la esperanza albiceleste, se incorporaba en el minuto 84, y así las cosas se llegó a la prórroga. La emoción era tan grande como el miedo.
Ahí fue cuando apareció Maxi, parando una pelota con el pecho y empalando directamente desde el borde del área con pierna izquierda un chutazo que se coló directamente por la escuadra rival. El gol de su vida. El gol del partido. Un tanto de bandera que clasificaba a su equipo. México no pudo reaccionar. Lo intentó pero el oficio de Argentina se impuso durante la segunda mitad del tiempo de prórroga, y el 2-1 fue definitivo.
Pero mucho tendrá que mejorar el equipo sudamericano si quiere plantar cara a la todopoderosa Alemania en los cuartos de final. Será una reedición de la final de México e Italia. Ahora sin Maradona, Messi tiene que proclamarse como sucesor... eso esperan en Argentina.