Definitivamente es de otro planeta. Fernando Alonso también rompió la maldición que arrastraba en el circuito de Canadá, y consiguió no ya sólo subir al podium, sino hacerlo a lo más alto. Dominó la prueba de principio a fin, con Raikkonen marcándolo muy de cerca hasta la primera parada el boxes. En esa parada, el finlandés dio una nueva muestra de la mala suerte que le acompaña, y un error con la manguera de combustible le hizo perder un par de segundos importantísimos. Se esfumaba así la posibilidad de superar a Alonso tras el repostaje.
La distancia entre ambos se estabilizaba, y volvió a ampliarse en la segunda parada: A Kimi se le caló el bólido y tardó varios segundos en arrancarlo nuevamente.
La suerte estaba echada: Fernando se encaminaba hacia la victoria, Kimi se conformaba con el segundo puesto, y Michael Schumacher permanecía al acecho en tercera posición.
Entonces llegó el accidente de Villeneuve, a falta de siete vueltas para la conclusión, y salió el safety car a pista. Las distancias volvieron a acortarse, pero una vez retirado el coche de seguridad, Alonso salió disparado. Las posiciones se mantuvieron y todo parecía conducir hacia el podium con los tres grandes del momento.
Pero aún le quedaba otra dosis de infortunio al pupas de la fórmula 1. En la última vuelta Kimi se comía una curva y Schumacher no tuvo más remedio que adelantarlo. Así quedarían las posiciones finales, Fernando, Michael y Kimi.
Ahora el mundial queda con dos puntos más de ventaja para el piloto español sobre el heptacampeón mundial, que saben a poco después de ver el desarrollo de la carrera. Pero claro... con Kimi por medio, cualquier cosa puede pasar.