Es la emoción del Mundial y de los octavos de final. A estas alturas cualquier error se paga muy caro, y de una jugada puede depender el rumbo de un país. Esto trae emoción y mucho miedo en todos los conjuntos, y así se ha visto en los dos encuentros del día.
Inglaterra venció por 1-0 a Ecuador, con una genialidad de David Beckham, que marcó un golazo de falta que clasifica a los británicos para cuartos. Ecuador jugó muy bien especialmente la primera mitad, y tuvo su ocasión de cambiar el rumbo del partido. Fue en la primera mitad, tras un error de Terry, pero Valencia se entretuvo cuando estaba solo ante el meta rival, para estrellar finalmente la bola en la madera. Desesperación en los miles y miles de ecuatorianos que seguían a los suyos en todo el mundo, porque estaban ante la oportunidad de hacer historia.
Pero si emocionante resultó este encuentro, no lo fue menos el Portugal 1 - Holanda 0, con papel estelar del árbitro, el ruso Ivanov, que a punto estuvo de cargarse el encuentro. Los portugueses acabaron con nueve, por expulsión de Costinha y Deco, al igual Holanda, que perdió a Bouhlarouz y Van Bronckhorst. Se comió un penalty clarísimo sobre Robben en la primera parte, y fue un cúmulo de despropósitos.
Maniche marcó mediada la primera mitad, y a partir de ahí empezó el asedio holandés. Especialmente en la segunda parte, en la que Cocu estrelló un remate en el larguero de la meta defendida por Ricardo.
Juego duro por ambos conjuntos, muchas interrupciones y más nervios, que llevaron al encuentro hasta el final, con la clasificación de los portugueses. Eso sí, para el duelo ante Inglaterra no podrán contar con los dos expulsados, y quizá tampoco con Cristiano Ronaldo, que tuvo que retirarse en la primera parte por lesión, tras una durísima entrada, merecedora de la roja, pero que Ivanov sólo consideró amarilla... la avalancha de expulsiones llegaría luego.
Por parte de Holanda, Van Basten no sacó a su estrella, Van Nilstelrooy, evidenciando la mala relación entre ambos. Prefirió hacer otros cambios a pesar del marcador adverso, mientras el delantero tulipán se acordaba de toda la familia de su entrenador desde el banquillo.