EL CAPITÁN DEL ATHLETIC CREE QUE ES EL MOMENTO DE DEJARLO
Tiene 32 años, aunque por su cara podría aparentar 24, que son los que lleva en el Athletic, 14 de ellos en el primer equiop bilbaíno. Es Julen Guerrero, el gran capitán, el futbolista que hizo recuperar la ilusión a la parroquia de la catedral, la eterna promesa que no llegó a reventar.
Ayer anunció su despedida de los terrenos de juego. Julen se retira, cuando aún le quedaba un año de contrato, para dedicarse a entrenar en categorías inferiores del equipo. La emoción invadió a este jugador ejemplar, y sólo pudo responder a tres preguntas antes de que sus ojos se inundaran de lágrimas y abandonase la rueda de prensa.
Guerrero se veía "con fuerzas" para seguir, pero cree que es "el momento de dejarlo". Han sido 14 temporadas en la élite, un subcampeonato de liga en la temporada 97-98, 355 partidos jugados y 116 goles marcados.
Debutó con el primer equipo el 6 de septiembre de 1992, con una victoria en San Mamés por 2-1 ante el Cádiz, marcando uno de los tantos de su equipo. Sólo tenía 18 años, y un año después ya era internacional con la selección. Se desató la Julenmanía, su presencia creaba furor dondequiera que fuese, y él, un chico tímido y callado, intentaba pasar desapercibido.
Fueron siete años como uno de los mejores jugadores españoles. El Real Madrid y el Barcelona intentaron hacerse con sus servicios, pero él permaneció fiel a su club. Después, otros siete años en el ostracismo. No se sabe por qué, pero Julen dejó de ser titular indiscutible, y pasó a calentar banquillo. Todos los entrenadores que han ido pasando por el equipo lo dejaron fuera del once titular, su fútbol bajó, pero él no alzó la voz. Aceptó su suplencia con paciencia, y no dejó de trabajar ni un día.
Las lágrimas de Julen son las lágrimas de los aficionados que recordamos a un jugador que debe ser ejemplo para todos los que vengan, y en todos los aspectos. Le deseamos la mejor de las suertes a este periodista metido a futbolista, porque se lo merece.