HASTA 1908 SOLO EL GANADOR SE LLEVABA MEDALLA. EL SEGUNDO UNA CORONA DE LAUREL Y EL TERCERO... NADA
En los primeros juegos de la era moderna, el griego Aristides Konstantinidis destrozó su bici contra una pared en los 87 km en ruta. Cogió una del público y siguió.
El español Pedro Pidal logró el segundo puesto en el tiro al pichón en los juegos de 1900 de París. Su premio fue un par de calcetines.
Hasta 1908 los ganadores recibían una medalla de plata, los segundos se llevaban una corona de laurel y no había premio para los “terceros”. De todas formas, las medallas que se entregan a los campeones no son de oro, sino de plata bañada en oro.
Fred Lordz ganó el maratón en 1904, en los juegos de San Luís, pero poco antes de la entrega de medallas se descubrió que había ido en automóvil desde el kilómetro 14 hasta las cercanías del estadio.
En Londres 1908, Geo André en el tercer y último intento del salto de pértiga, se le engancharon los bombachos con el listón. Obtuvo la medalla de plata.
La primera muerte de un deportista olímpico ocurrió en los juegos de Estocolmo (1912). El lanzador Lázaro murió durante el maratón a causa del intenso dolor.
En París 1920, Rudolf Bauer, lanzó su disco con tanta fuerza que acabó dándole al público en varias ocasiones.
Las primeras mujeres compitieron por primera vez en 1928, seguían las dudas de si tendrían aguante.
En Ámsterdam, 1928, a la alemana Hilde Schrader se le rompió el bañador, que dejó un pecho visible. Le dio tanto pudor que quiso terminar cuanto antes y ganó.
El equipo español de hípica logró en los juegos de Ámsterdam, en 1928, la primera medalla de oro del olimpismo español.
En los juegos de Los Ángeles de 1932, el ciclista italiano Ebelardo Pavesi, cambió el avituallamiento normal de la prueba de 100 km en ruta (fruta y verduras) por un buen plato de spagueti, que comió sin dejar de pedalear. Y ganó.
La autopsia reveló que la polaca Stanislawa Walasiewicz, medalla de oro en 100 m en Los Ángeles 1932, tenía genitales masculinos.
La plusmarquista de los 100 metros lisos Walaa, pidió en 1936 que la ganadora, la norteamericana Helen Stephens, se desnudara para comprobar que era una mujer. Lo hizo.
El nadador Jean Boiteux hizo prometer a su padre, en las olimpiadas de 1952, que le dejaría casarse con su novia si ganaba. Lo logró y su padre se tiró al agua vestido y con boina para felicitarle.
El primer nadador que se rapó para ir más rápido fue el alemán Lampe. Luego subió al podium con peluca.
El remero Vyacheslav Ivanov, de la URSS, ganó, en 1956, el oro en la modalidad de “skiff”. La emoción le hico lanzar la medalla al aire, pero cayó al agua y no la encontró.
Una cuarentena obligó a disputar las pruebas hípicas de los juegos de Melbourne 1956 en Estocolmo.
El debut de Surinam en la historia del olimpismo fue extraño. Su primer participante Wim Assajas, se quedó dormido en Roma 1960 y no corrió los 800 metros.
El boxeador Cassius Clay tiró su oro conseguido en 1960 a una alcantarilla porque no le dejaron entrar en un restaurante de Roma.
El judoka nipón Akio Kaminaga, perdió en Tokio 1964 la final ante el holandés Anton Geesnik, y su paisano Suburaya quedó tercero en el maratón. Ambos se suicidaron dos años después avergonzados por decepcionar al Emperador.
La australiana Dawn Fraser celebró en 1964 su triunfo en natación robando una bandera del Palacio Imperial de Tokio.
La derrota del judoca Akio Kaminaga en los juegos de Tokio 1964 supuso tal vergüenza en el país que varios de sus compatriotas se suicidaron. Dos años más tarde lo hizo el propio Kaminaga.
El campeón de los pesos pesados en Munich 1972, desayunaba cada día 26 huevos fritos y un filete antes de entrenarse.
El boxeador estadounidense Charles Vinci se pasó de peso para su categoría y tuvo que raparse el pelo al cero con el único objetivo de quitarse los gramos que le sobraban para ser admitido.
El esgrimista ruso Borís Onischenko fue excluido de por vida de la competición por haber trucado la empuñadura de su espada durante los juegos de Montreal 1976. Onischenko había incluido un dispositivo con el que podía hacer que el sistema de detección de toques le diera un punto incluso sin rozar a su rival.
En Moscú 1980, plena guerra fría, a los árbitros se les acusó de muy “caseros”. Cada vez que algún atleta de la URRSS lanzaba su jabalina, se abrían las puertas del estadio para que hubiera corriente. Ganó uno de sus atletas, Dainis Kula, con un lanzamiento de 91,20 m.
Hasta las olimpiadas de 1984, ningún atleta de color había encendido el pebetero.
El saltador de trampolín de EE.UU. Gregory Louganis ganó dos medallas de oro en Seúl 1988. Pocos sabían que era VIH positivo.
Por cierto, las Olimpiadas no se celebran cada cuatro años, cada cuatro años se celebran los Juegos Olímpicos. La "Olimpiada" es el espacio de tiempo entre dos convocatorias.
Fuente: pelucheTags: curiosidades, curioso, anecdotas, olimpadas
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